Los alucinógenos son un tipo de drogas que, en dosis no tóxicas, causan alteraciones profundas en la percepción de la realidad del consumidor. Bajo su influencia, las personas ven imágenes, escuchan cosas y experimentan sensaciones muy distintas a las propias de la vigilia.
Estas drogas actúan sobre el sistema nervioso y provocan alucinaciones, trastornos de ansiedad, confusión y distorsión de percepciones. Pueden ser visuales, sensoriales, auditivas, olfativas o táctiles. Los efectos de los alucinógenos dependen del tipo de droga, de las particularidades del consumidor y de la dosis administrada
Algunos ejemplos de alucinógenos incluyen LSD (dietilamida del ácido lisérgico), psilocibina (contenida en ciertos hongos), mescalina (contenida en el cactus peyote) y DMT (dimetiltriptamina).
El consumo de alucinógenos puede tener graves consecuencias para la salud. Algunos de los riesgos y consecuencias son el desarrollo de úlceras en la vejiga y problemas renales, problemas de memoria, pérdida de peso, depresión y pensamientos suicidas, psicosis persistente o pérdida de la razón a largo plazo, afectación de la atención y la coordinación, trastornos digestivos y enfermedades cardiovasculares. El síndrome de abstinencia puede ser muy grave, y puede provocar el llamado delirium tremens.
Además, los alucinógenos pueden causar reacciones idiosincrásicas e impredecibles. En general, la intoxicación provoca alucinaciones, percepción alterada, deterioro del juicio, ideas de referencia y despersonalización.
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