El alcoholismo, también conocido como trastorno por consumo de alcohol, es una enfermedad caracterizada por la intensa necesidad de ingerir alcohol, existiendo por tanto dependencia física, y manifestándose a través de diferentes síntomas de abstinencia cuando no es posible ingerirlo.
Los síntomas de la adicción al alcohol son la ansiedad por consumirlo, pérdida del control, incapacidad para parar de beber, dependencia física, que provoca el síndrome de abstinencia (sudoraciones, fiebre, temblores) cuando se deja de tomarlo, y la tolerancia (necesidad de beber cada vez mayores cantidades de alcohol)
El trastorno por consumo de alcohol puede consistir en períodos de ebriedad (alcoholismo agudo) y síntomas de abstinencia. El alcoholismo agudo es consecuencia del aumento de la cantidad de alcohol en el torrente sanguíneo.
El alcoholismo puede causar diversas enfermedades y trastornos, como problemas del corazón, daño hepático, pancreatitis, anemia y aumento de la presión arterial. Además, el consumo excesivo de alcohol a largo plazo puede causar la muerte de células cerebrales, lo que puede conducir a trastornos mentales, así como un menor nivel de función mental o física.
El uso nocivo del alcohol causa una alta carga de morbilidad y tiene importantes consecuencias sociales y económicas. Su consumo nocivo también puede perjudicar a otras personas, por ejemplo a familiares, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos
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